lunes, agosto 01, 2005

El bostezo electoral

Estas elecciones de la próxima semana, no parecen elecciones. La gente pasa por calles donde no hay casi propaganda electoral, los afiches esos donde se ve la cara de un ciudadano y abajo dice: “vote por mí para concejal”. De vez en cuanto una pancartica. No hay bochinche, no hay con-centraciones, ni papelitos. Ni en el este, le han tocado la puerta a nadie para promoverse. Apenas se ven en alguna página de periódico o el algún caritativo programa de TV. Usted le pregunta a alguien, en el centro de esta ciudad, del partido que sea, cuales son los candidatos que quieren ganar en su distrito y no tiene ni la más mínima idea. Tanto es así, que la poca propaganda que hay, promueve tarjetas, no personas. Usted ve Las morochas de Chávez, sin ninguna otra cara que la del máximo líder, por ejemplo.

Por otro lado, la gente no habla de eso en la calle, ni le preocupa en lo más mínimo. Una prueba son lo desoladas que viven las mesitas esas que han puesto en todas las entradas del metro donde unos muchachos aburridos, unos militares y otros no, esperan que alguien se les pare delante a practicar como funcionan las máquinas de votación. Esos jóvenes podrían ser perfectamente el motivo central de un cuadro llamado “ El bostezo”.

Creo que la pregunta universal hoy en Caracas no es si vas a votar o por quién, sino donde está la carne . Luego, si la conseguiste, dónde fue y cuanto cuesta. Para no hablar de las crisis puntua-les de derrumbes de nuestros cerros y colinas, que conmueven por igual a los barrios San Blas y Plan de Manzano como a la urbanización Santa Inés. Allí las únicas preguntas que hacen los veci-nos es si hay un sitio donde vivir y como llegar allá.

Por otro lado está la estridencia de la dirigencia política y de la del funcionariado electoral por los medios de comunicación, tratando de hacer ver que sí hay un grave asunto a resolver.. ¿Uste-des saben que me recuerdan? Hace tiempo, cuando era reportera de calle en alguna sección de Po-lítica, los líderes tipo Carlos Andrés Pérez, Eduardo Fernández, etc etc, tenían la malísima costum-bre de llegar tarde a los actos que ellos mismos convocaban y cuando por fin se les veía, venían rodeados de guardaespaldas que formaban una especie de pequeño tornado, que a fuerza de em-pujones lanzaba a reporteros y fotógrafos , como en una fuerza centrípeta hacia los lados y hacia el piso, dejando en el camino tacones rotos, libretas y grabadores regados, gente golpeada o empuja-da violentamente. Era para hacer ver que había multitudes esperándolos y pugnando por hablar con ellos. Pero años después, cuando las multitudes que los rodeaban habían desaparecido, llegaban igual con aquellos guardaespaldas, que trataban de hacer lo mismo y se veían tristemente descolo-cados, peleando con el aire con un gentío inexistente.

Bueno, hoy, Jorge Rodríguez, el presidente del CNE, viaja por todo el país, boxea con quiénes llaman a la abstención o manifiestan su sospecha sobre el acto electoral, dice que va a votar 70 por ciento de los venezolanos, paga encuestas, trae observadores internacionales, en fin, parece que se enfrentara a una gran fiesta electoral. Y los políticos de todos los partidos que quieren que uno vaya a votar, igual. Hasta pegan gritos y se aparecen en TV con cara de sobrados, voces engoladas y chaquetas vistosas. Lo único que les falta es agitar los brazos como molinetes.
También se lo toman con gran sentido “histórico” quiénes llaman a la abstención. Aquello es como si quien no fuera a votar, estuviera definiendo el futuro del país, atentando contra La demo-cracia. Es decir, que fastidio. Todos parecen igualitos a los guardaespaldas de los políticos de la cuarta. Al final, los periodistas los veíamos venir y los rodeábamos para ver el teatro que hacían para hacer ver que trabajaban.

Hay una inmensa sensación de que las elecciones próximas no son para escoger personas que intentarán conducir comunidades. Sólo servirán , según los analistas, para apuntalar instituciones: la democracia, el proceso revolucionario, los espacios de participación ciudadana, la oposición al gobierno de Chávez. Pero todo nos queda demasiado grande, todo parece demasiado lejano para el ciudadano común, que se moverá de acuerdo a como le convenga ese día. Si chequean que vote para que le puedan entregar su mensualidad misionera, pues votará. Si cree que el alcalde que tie-ne le garantiza cierto orden y necesita salir a que se lo dejen, pues lo hará. Si percibe que los polí-ticos que le piden el voto en nombre de la democracia y la oposición, lo que han hecho en estos años es resolverse sus quince y últimos y ni enfrentan a Chávez, pues se quedará en su casa. Y en Libertador, donde yo vivo, donde no aparece ninguna cara distinta a las de Chávez, Bernal y Barreto, los hombres que gobiernan nuestro viaje diario por la inmundicia callejera, ustedes me dirán si se siente que se fortalece la democracia haciendo el esfuerzo de ir a votar por unos fantas-mas. Es como hacer que uno elige para que otros hagan como que hay democracia.