sábado, agosto 06, 2005

El voto desnaturalizado

El resultado de estas elecciones municipales, ayudará al debate sobre la caracterización del modelo político que rige a Venezuela y el modo de lucha que deben escoger quiénes lo adversan, así como el nivel de participación real de quiénes lo comparten, mas que a confirmar si los venezo-lanos podemos medir en ellas nuestro grado de compromiso con las convicciones democráticas .

Lo primero que le ha chocado a todo el mundo en esta “y que” campaña electoral - y creo que no era verdaderamente la intención de quiénes lo hicieron- es la proliferación de discursos hiperdemo-cráticos. De acuerdo a ellos los políticos o analistas, sostienen una argumentación desde el podio donde se ubican , tocados de un tricornio, dando orientaciones al público , a quién estiman mili-tantes de una u otra corriente, personas a quiénes sus compromisos obligan a votar para decidir un asunto de primordial importancia para el futuro de la nación. Y lo que hacen de esa manera es poner el carro delante del caballo, con lo cual los lectores de marras se dan cuenta de inmediato no solo de lo del carro y lo del caballo sino de lo falso del tricornio y de la voz impostada de prócer o de heroína de la independencia que ponen, que de todo hay.

Quiénes le hablan así al electorado emeverrrista, se encuentran con personas que están convencidas de que con semejante mayoría en todas las instancias, con la promesa del comandante de quedarse en el coroto hasta el 2023 y sabiendo que la directiva del consejo electoral no desobede-ce ninguna de sus órdenes, ni siquiera la de ganar estas elecciones y de proporcionarle 10 millones de votos en el 2006, no es cosa de presentar otros resultados, so pena de que barran el piso con Jorge Rodríguez, en horario estelar o manden presos 5 años a los directivos electorales del pro-ceso por cualquier comentario inconveniente ( Remember el general Usón, ex ministro de Finan-zas sentenciado por haberse puesto a comentar en cámara como funciona un lanzallamas) ¿ Así pues, que para qué se necesita que los emeverristas vayan a votar? Ya eso, es pan comido. Los “lanceros” no están decidiendo en esta oportunidad si el comandante se queda o se va.

En el caso de la oposición que participa en estas elecciones, sus líderes se han cansado de repetir que reconocen que le van a hacer trampa. Ergo, los puestos que saquen será por que el gobierno quiere. ¿ Para que se necesita entonces que alguien vaya a votar por ellos? De todas formas, saldrán electos cada ocho circunscripciones, tres concejales adecos, dos de primero Justicia, medio parla-mentario del MAS y un cuarto de la sociedad civil, para salvar la cara por la democracia venezo-lana y el método de Hondt. Aquí hay una regla básica para las relaciones de este tipo: que se mue-va el interesado. Ellos quieren que los demás se mueven hacia las urnas para que se justifique la existencia económica de los partidos venezolanos que no pertenecen al proceso revolucionario. Si no les hacen caso, es porque no representan a nadie . Si por lo menos fuesen más humildes, pedirí-an los votos para lo que además, se supone que son, para que Carlos Herrera o Carla Melo discutan si se consolida el barrio X o Z o para que monitoreen por donde va la manga ancha que el alcalde Bernal concede los invasores de los edificios caraqueños.

Los políticos abstencionistas, por su parte, presentan el asunto como si no ir a votar fuera el re-sultado su campaña política y no se dan cuenta que de lo que se trata es que hay un enorme can-sancio, aburrimiento, decepción y convicción de que con que se mueva media paja en una urna electoral, no se decide nada en este país. Es decir que estamos ante la desnaturalización del voto como mecanismo para el cambio político en Venezuela.

La relación costo beneficio

Por supuesto a nadie le gusta que se diga esto, porque inmediatamente se ponen a preguntar por la relación costo beneficio. Pasan de la mentalidad de padre de la patria a la del apostador de una manera inmediata. Las frases mas populares a continuación:
“¿ Y que ganas tu con no ir a votar, ah, ah?”, “¿Y quién se da cuenta si tu votaste o no votaste, ah, ah?” “Tu lo que haces es perder el voto, boba”. O, “¿Y entonces , que hacemos?”. Los mas ori-ginales le dicen a uno con cara de Mahatma Gandhi después de la quemazón: “Después, ¡no te que-jes!!!.” Y los más intensos: “tu lo que quieres es un baño de sangre!!!”

No pues, como diría una amiga mía, chilena por más señas. Solo demitifiquemos este acto de vo-tación. Desde que el chavismo descubrió las ventajas de la electoralidad, no ha hecho sino jugar a la consolidación y eternización de su mayoría, utilizando las matemáticas electorales. En este mo-mento, por ejemplo, están bajo protesta en Venezuela, el registro de electores, el proceso técnico para ejercer el voto, el financiamiento de la campaña de los candidatos del partido de gobierno con los recursos del estado y el endoso absoluto de la imagen del Presidente Chávez a los candidatos de su partido, que es abierto y descarado en las tarjetas llamadas “ Morochas”

Hay un estudioso llamado Nohlen, que trabajó sobre la importancia que tienen las elecciones pa-ra los votantes. Según él, los sistemas electorales precisan para funcionar de unas elecciones com-petitivas, es decir, donde la oportunidad y la libertad de elegir no estén plasmadas sólo en el or-denamiento legal, sino además amparadas por éste cuando se vulneran esos derechos. Si se niega la oportunidad y la libertad de elegir, las elecciones son de carácter “no competitivas” y en los casos en donde de alguna manera se restrinjan estos dos elementos, las elecciones se consideran “semi competitivas” . Cuando las elecciones son semicompetitivas, como parece ser en Venezuela, la im-portancia de ellas en el proceso político es baja, la libertad de elegir y ser electo, limitada, no hay posibilidad de cambiar el gobierno y no se intenta casi nunca legitimar el sistema político, que re-sulta en su criterio, autoritario. Este autor dice que” los sistemas electorales tienen un efecto políti-co en los electores en la medida en que colocan a estos ante una situación decisoria concreta, mar-cada especialmente por las distintas posibilidades que los candidatos y partidos tienen en cada sis-tema” O sea, somos de librito. ( 1)

No somos originales ni en el lío de cambio de las circunscripciones electorales y la mudanza de electores o su desaparición, a gusto del CNE. Ya en 1811, un gobernador del estado de Massachus-sets, EEUU, Elbridge Guerry redistritó el estado de manera premeditada para asegurar el triunfo al partido demócrata en las elecciones del año siguiente. Se trataba de manipular los distritos para neutralizar el caudal electoral del adversario ya fuera mezclando al electorado o creando baluartes para confinar a la oposición a pocos triunfos distritales.( Parecido a Chacao, ¿no?) Desde entonces existe un término llamado “guerrymandering” que es la delimitación de las jurisdicciones electora-les con arreglo a consideraciones político partidistas.

¿Y porqué será que ni la oposición ni el gobierno presentan caras en sus propagandas para las elecciones de las juntas parroquiales?. Porque con todas las protestas de promover la participación popular que ambos bandos hacen, en realidad, el orden de elección de los candidatos no será a gusto del elector, sino como lo decidió el partido, llámese AD o llámese MVR. Todos los partidos quieren favorecer su estructura jerárquica. Hoy nos niegan en conjunto la relación elector-candidato, porque se trata de elegir estructuras de políticos que buscan su sobrevivencia, indepen-dientemente del examen de sus postulados, efectividad, trayectoria, expectativas posibles y conta-bles. Persisten en querer que les endosemos el cheque en blanco, porque así refuerzan los meca-nismos de disciplina intrapartidista .

Y no se dan cuenta de que su tan ansiada gobernabilidad se sustenta en la responsabilidad, la efi-ciencia y la legitimidad del gobierno, en cualquier nivel. Si no que lo diga el último match Barreto vs damnificados o las voluntades que ha ganado el gobierno, después del superhueco que inhabili-ta la autopista Regional del centro.
Los sistemas electorales no son buenos ni malos per se. Son instrumentos que sirven a determi-nados conceptos de participación popular, democráticos o totalitarios. A igual número de sufra-gios, se pueden producir resultados diferentes en términos de representación. El gobierno dice a ca-da momento que se implantará un modelo socialista. Todavía no conozco ninguno que pueda cam-biar un país si no hace uso de su mayoría armada o electoral para poder volver cabeza abajo a la sociedad donde quiere implantarse, y en Venezuela, venimos de un modelo capitalista de estado.

Lo que creo sano es que partamos de un principio de realidad para cualquier acción, sobre todo si implica a los demás. Aquí no hay princesas ni ogros, libertadores ni Manuelitas Sáenz, sólo crudas realidades a las que hay que combatir o no, según nos convenga, desde quiénes realmente somos. Las elecciones de concejales y juntas parroquiales son solo un pasito en el largo camino que le queda a Venezuela para convertirse en un ejemplo de revolución socialista.


Notas

1) p 13. El contexto general de los sistemas electorales. De “Aspectos conceptuales para el estu-dio de los sistemas electorales” .Proyecto de Fortalecimiento de la Sociedad Civil, FIDE-PNUD.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

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