domingo, septiembre 18, 2005

Maldades electorales

Cuando conocí a Carmen Alicia Beaujon, a mediados de los ochenta, no me imaginaba que existía en mi país un grupo de personas, como aquel en que ella era dirigente, con una visión tan moderna de la política y a la vez, tan práctica. Era una dirigente de movimientos ciudadanos de clase media alta, como se le decía entonces, en Prados del Este y tenían mas de 10 años en ese trabajo, haciendo crecer un movimiento que siempre fue mal visto por los partidos políticos de toda laya. Tal vez una de las expresiones que mas define ese desprecio de los profesionales de la política fue la frase “ ¿ con que se come la sociedad civil?” de don Luis Miquilena, ex ministro de Chávez, cuan-do aún estaba en el gobierno.
Bien, Carmen Alicia también fue una de las primeras mujeres venezolanas que se graduó en la universidad. También compró y condujo una de las primeras camionetas que hubo en Caracas.
Con una personalidad exhuberante, pero al mismo tiempo celosa de su sencillez y su humildad, fue una de las inspiradoras y creadoras de un gran movimiento vecinal que anunciaba una Venezuela mucho más democrática, participativa, mucho más digna y respetuosa de la individualidad humana , que aún no llega pero que no quiero expulsar aún del corazón.
Carmen Alicia, siempre ha votado. Siempre lo consideró un derecho inalienable, tema con el que muchas veces no he estado de acuerdo. Al contrario, apelando a mis realidades, voto cuando lo creo necesario e importante y me parece que desvalorizo mis derechos cuando los ejerzo en condiciones putrefactas para mi formación ciudadana.
Pero en fin, esto no se trata de mis diferencias sobre como se ejerce la democracia en un país tan heterodoxo en esa materia como este, sino en como el espíritu humano sobrevive a constantes atentados en todo momento, condi-ción y edad.
Ella se mudó de Caracas a Valencia con una de sus hijas hace algunos años y como ha votado desde joven, cin-cuenta años después pensó que para hacerlo de nuevo, la diligencia sería una simple operación de cambio de do-micilio.
Pues no, la borraron del Registro Electoral, porque ( supongo yo) porque por su número de cédula ( 68795) pre-sumieron que se había muerto. Como muchos de ustedes saben, Carmen Alicia no se quedó con esa. Llamó a Alo Ciudadano, donde declaró por teléfono dos veces, fue a los periódicos nacionales y a Notitarde donde publicaron sus protestas. . Pero nada, nunca apareció en el RE. “No se dieron por enterados”.
Pues bien, se presentó en su silla de ruedas el día de las votaciones municipales, con un cartel donde exigía votar. Muchos de ustedes la vieron con su valentía y su actividad de provocación ciudadana que nunca perderá, en una foto que publicamos. Al día siguiente.
Alguien le dijo entonces, que el asunto era inscribirse como nueva votante y punto. Y aun con la repugnancia de cederle su memoria de votante pionera al CNE actual , lo hizo: volvió y trató de inscribirse.
¿ Y ustedes saben cual fue la respuesta del funcionario representante esta inhumana sociedad en la que vivimos?.
“No la puedo inscribir, porque usted está muerta. Tiene que traerme una fe de vida”.
Es decir, un ser humano, en silla de ruedas, no está vivo si no lo dice un papel, aunque vaya con su cédula a exi-gir su derecho.
Así estamos. No hablemos de la increíble crueldad de tratar así a una mujer mayor y enferma, porque Carmen Alicia no necesita que le tengan lástima. Por sí sola es un ejemplo . Lo que ocurre es que ella no es el único caso. Así tratamos nosotros a nuestras ancianos, a las viudas, a los enfermos, sólo porque los vemos débiles. Las maltra-tamos. Veámonos en esta Venezuela y que democrática, que tiene unos funcionarios completamente deformados, deshumanizados y tramposos.. Por eso, ¿ de que nos extrañamos cuando vemos denuncias de fraudes, de trapison-das, de robos de derechos, de maltratos sin límite?. La medida de salud de toda sociedad es como trata a sus niños, a sus viejos, a sus enfermos. No hubo un solo funcionario del CNE, de cualquier altura, que reaccionara a las de-nuncias publicadas y televisadas acerca de las injusticias cometidas contra Carmen Alicia Beaujon, No esperaba menos de ellos. Esa es su catadura. Pero parece que no tienen límite.