sábado, diciembre 02, 2006

Venezolano, no héroe





Conminada por la realidad a hablar de las elecciones, prefiero conversar , en vez de sobre los resultados, que poco sabe uno cuales sean, sobre los efectos que tienen en un país dividido, cansado y pobre, después de 8 años de gobierno del comandante Chávez.


No es un secreto para nadie, que múltiples encuestas oportunistas ofrecieron distintos y distantes resultados sobre quién será el proximo presidente en los últimos días antes del

3-D.


Las predicciones, alocadas si se las ve en conjunto, por lo distintas, son fruto no sólo de la inconsistencia de los métodos que usan , sino de la avidez con la que aprovechan algunas empresas los encargos diversos, que vistos de lejos asemejan los requerimientos que se les hacen los clientes a los brujos.


En el clima tenso y de sospecha que han vivido los venezolanos en las calles en este proceso, las tienen duras los encuestadores, porque cualquiera, cuando alguien lo detiene en la calle o le toca la puerta , lo piensa cuatro veces antes de abrir o responder cualquier pregunta, aunque parezca de lo mas inocente. Las sospechas y los rechazos se redoblan cundo se es empleado público o si se vive en una zona popular.


En Venezuela es peligroso contestar cualquier pregunta, sin estar seguro de saber donde irá la información.


El trabajo cotidiano se ve afectado igualmente


Millones de empleados públicos o de empresas contratistas con el gobierno, ven multiplicados los escenarios en donde se les exige un cambio de conductas, para sintonizarlas mejor con los planes del partido de gobierno. Cada vez hay mas ocasiones en los cuales hay que manifestar la adhesión, justificar porqué le pagan a uno. Hay que ir a marchas, a mitines, firmar apoyos, votar, ponerse la franela roja. No en el trabajo, sino desde la casa. Si no hay un memorándum, un regaño o el despido.


Las elecciones han llevado alguna esperanza de cambio al corazón de los miles que están enfrentados con el gobierno actual y que han pasado unos años negros en la oposición y a veces hasta en el ostracismo o en la cárcel. Perseguidos, ellos y su familia. Inundados de rabia y muchas veces de odio. Para empezar los veinte mil despedidos de PDVSA por el paro petrolero, de quiénes nunca me olvido .


Hay otros, que tienen al revés, su esperanza puesta en que al final, este gobierno le solucione las cosas. No lo ha hecho aún,pero lo hará. No me ha dado la casa, me han botado los papeles,pero me los darán y podré salir del rancho. Me cortaré las venas para que el comandante sepa que estoy allí. Y que gane Rosales, para ellos, es una incertidumbre. Por eso, a última hora se multiplicaron las manifestaciones, las huelgas de sangre, las protestas. Antes de que pase nada, que me den lo que me deben.


Del mismo terreno del chavismo hay quién juega a dos bandas. Aquellos que protestan por un lado para que Chávez les de casa y al mismo tiempo hacen cola para obtener Mi Negra. Los que son rojitos por fuera en los ministerios y en las escuelas, y son azulitos por dentro, dispuestos unos a la revancha y otros a no dejar de lado el estipendio, el pago, el contrato, porque el gobierno, sea el que sea, no puede dejar de darles.

En ese grupo están , por cierto, unos cuantos gobernadores, que están dispuestos a rosalearse , al mismo tiempo que a negar que alguna vez pensaron en voltear a Chávez.


Y del lado de la oposición, aquellos que se llenan la boca diciendo que hay que salir de Chávez, quién casualmente es el mismo hombre al que les unen los contratos, las líneas de vida para continuar con su empresa, grande o pequeña, aquellos que sobrevivieron al paro y aunque odian los métodos, registran que les ha ido , pero que muy bien.Son aquellos que hablan de ideología, pero que toleran la contraria, siempre que los resultados financieros sean positivos. Si la cosa se pone color socialista, siempre tienen tiempo y modos de volverse transparentes transnacionales.


En fin, las elecciones venezolanas son una verdadera lección para todos. Una lección de vida. No todo es blanco o negro, azul o rojo. Se trata de un episodio donde están en juego millones de aspiraciones individuales contra las generales, una apuesta de las supuestas grandes ideologías que se proclama que están en juego en Venezuela y en la que la apuesta personal en mi caso, tiene la mayor validez. Cada vez que los venezolanos nos equivocamos es cuando confundimos nuestros intereses individuales con el de los héroes.