sábado, octubre 04, 2008

El atropello como solución

El hostigamiento avanza: ante la chercha general por la “y que conspiración”
de los AT 4 que adornaban casas y oficinas de ex policías y ex oficiales
de la fuerza armada, operación que puso de bulto la chambonería de los hombres de inteligencia del gobierno, a la hora de inventar otra vez que a Hugo Chávez lo quieren matar con unos dispositivos descartables, viejos e irrellenables, no se ha encontrado otra manera de provocar a la oposición, sino hostilizar a los periodistas y dueños de comunicación que se les ha ocurrido ir a la Asamblea de la SIP en Madrid, como si fuera necesario en esta época reunirse físicamente con alguien, para llegar a acuerdos sobre materias tan graves como deshacerse de un Jefe de Estado.
No solamente han ideado fastidiar a la ida, sino a la vuelta, como hicieron con el profesor Heinz Sonntag, del movimiento 2D, a quién todavía no le ha llegado la disculpa debida de las autoridades migratorias, como es obligatorio hacer después de haber irrespetado a uno de nuestros intelectuales mas prominentes, al cometer esa idiotez de “cancelarle” el pasaporte a una persona, que seguramente lleva mucho más años siendo venezolano y formando gente por Venezuela, que los bárbaros que lo atacaron.
Abren taquillas especiales en Maiquetía para sacarle una copia al pasaporte del líder estudiantil Yon Goicoechea, se ponen a discutir con cuanto periodista conocido ven en las aduanas o lo nombran contribuyente especial del Seniat, para chequearlo cada tres meses. Expulsan a empujones y le inutilizan el celular a un conocido luchador internacional por los derechos humanos como José Miguel Vivanco, de Human Rigths Watch y a su segundo en la organización, Daniel Wilkinson.
Conducen a la brava al general Raúl Isaías Baduel, ex ministro de la Defensa, a un juzgado militar y no lo dejan terminar de hacer mercado en Maracay con su esposa, para llevárselo a Caracas y quejarse de que les faltó el respeto, aunque las cámaras de televisión registraron quién interceptó, quién empujó y quién maltrató.
Ya veníamos graves con los muertos y las acciones que se asemejan gravemente a las historias de los comienzos de la violencia política en otros países, que han pasado por un infierno. Tenemos a un abogado, columnista de El Correo de El Caroní, Eliécer Calzadilla con un tiro en la cabeza, asaltado poco antes de llegar al cine por alguien disgustado por sus columnas.
La fundación Makled fué quemada para acabar con las donaciones de sillas de ruedas, neveras y licuadoras que enfermaron tanto a escuálidos como a chavistas en tiempos de precampaña. Mas de veinte tiros acabaron con la vida de otro político, el presidente de la Federación de Centros Universitarios de LUZ, Julio Soto.
La solución que está de moda pues, está a la vista: cantidad de habitantes de este país
( dudo en llamarlos ciudadanos) creen que la mejor manera de arreglar las cosas a su gusto es la violencia. No tienen paciencia, no creen en los argumentos y menos en la tolerancia. Se acercan unas elecciones y hay críticas al gobierno por todos lados: se vive mal, se gana poco, la inflación nos abruma, los ladrones no nos dejan salir , el metro se para, la energía se va por horas y horas, mientras el gobierno regala nuestro dinero y encima se ríe de nosotros, como nos muestra el juicio de Miami, a uno que se hizo multimillonario a punta de los negociados que le proporcionó este gobierno. Oimos de triangulaciones entre la Disip, Pdvsa y un grupo de hombres que compraban a cien y vendían a un millón. Se les requería para todo: desde la Copa América hasta las casas uruguayas, pasando por hacerle llegar unos realitos a los candidatos amigotes y prestar sus empresas como fachadas para negocios ilegales.
La solución para que no hablemos y no pensemos en todas estas cosas ¿puede ser otra sino la brutalidad que hemos visto desplegarse mas y mas a medida que se acerca noviembre? Sí, los tenemos enfrente, reconozcámolos: quienes maltratan, se cansan de fingir democracia, les llega el tiempo de quitarse la máscara.