La persecución del café
Había decidido no esforzarme tanto en la persecución del café porque en fin, la cafeína no es precisamente recomendable, hay que ser mas saludable, tomar menos café negro, etc, etc. Pero persistí, día tras día. Y al preguntarme porqué, me di cuenta que en Venezuela se está disparando un curioso hábito, cada vez que algo falta en los anaqueles. Son unos nervios que lo agarran a uno por encontrar lo desaparecido y lo arrastran por media ciudad, buscando un cuartito de kilo de café, pero no instantáneo, no, del de verdad.
Uno es capaz de visitar cinco supermercados e ir cada vez mas lejos, emperrado en dar con la dichosa bolsita y llegar a casa, triunfante, contando el angustioso, largo y sudoroso periplo ( En Caracas hemos estado entre 28 y 32 grados a la sombra en el último mes).
Una amiga, buscando un repuesto para su carro ( ustedes me dirán si es de primera necesidad e indispensable ubicar uno de los espejos, no precisamente el retrovisor) recorrió desde Bello Monte hasta la avenida Libertador en casi dos horas y media en subida. La tesis era la misma: “Déjame ir un poquito mas arriba”.
Esta pulsión la potencian las declaraciones de los ministros y algunos empresarios, que aseguran que de todo hay, que lo que pasa es que uno no lo ve, o acaba con las existencias a punta de compras “ nerviosas.
Y eso, se los juro, lo desespera mas a uno. Porque la mayoría de la gente que piensa que estos ministros y productores son gente seria, les creen y son capaces de formar grandes zaperocos en los supermercados, abastos y puestos de buhoneros, porque están seguros de que los vendedores los están es engañando y tienen escondido el café, la leche descremada o la arena para gatos detrás de la puerta y no lo quieren vender.
Ahora que viene la temporada de hallacas, no hay alcaparras ni para remedio, Y ustedes dirán. ¿ pero que le dio a esta mujer, que importa que no haya alcaparras? Y saltará otra señora a decirme que ella siempre encuentra. Pero yo, señora, YO, no encuentro.
Y ahí es donde usted ve las desviaciones del capitalismo claritas. Yo he sido criada toda mi vida en esa doctrina y por eso quiero que haya de todo, de varias marcas y que no me vengan con eso de que el desarrollo endógeno, porque en cualquier país civilizado debería haber desarrollo endógeno, exógeno y extraterrestre suficiente para comprar lo que a uno le diera la gana, si se ha ganado el dinero suficiente para comprárselo . No hay derecho a sentir eso que experimenté cuando fui para Cúcuta el año pasado, que está llena hasta los tequeteques de comida, ropa, zapatos, juguetes. Ahí es donde se ve la diferencia con Caracas.
La solución no es tampoco decir que entonces uno no toma café, sino té. O que deja el carro sin espejito de ese, porque con pegarle otro cualquiera con pegaloca sirve igual… O que cual es el problema con las alcaparras, que total, saben saladísimas.
No me voy a acostumbrar a vivir en la carestía, porque uno se siente horrible y menos porque haya una disposición general socialista a proclamar que mientras mas pobre mas virtuoso se es y mas feliz . Esas son zarandajas Y si no, mire usted al Presidente, que es socialistísimo y anda bien vestido y muy bien comido, por lo rozagante que dice el peso de su baño que está.
La desaparición de productos básicos ha sido una constante de este gobierno, tanto como la de aquellos no básicos, como la de ciertas marcas de maquillaje, de whisky , de zapatos. Los libros que no llegan porque no le dan cupo a los libreros para traerlos. Esas limitaciones socialistas señores, que nos hacen la vida miserable y pretenden que las pasemos en silencio, propuesta a la cual hay que resistirse. Quiero mi café en todas las presentaciones, quiero leche descremada, aunque a mi no me guste tanto, necesito crema para la cara que no cueste un ojo de la ídem gracias a Cadivi y pare usted de contar, tengo mi lista personal, por si la quiere ver.
Uno es capaz de visitar cinco supermercados e ir cada vez mas lejos, emperrado en dar con la dichosa bolsita y llegar a casa, triunfante, contando el angustioso, largo y sudoroso periplo ( En Caracas hemos estado entre 28 y 32 grados a la sombra en el último mes).
Una amiga, buscando un repuesto para su carro ( ustedes me dirán si es de primera necesidad e indispensable ubicar uno de los espejos, no precisamente el retrovisor) recorrió desde Bello Monte hasta la avenida Libertador en casi dos horas y media en subida. La tesis era la misma: “Déjame ir un poquito mas arriba”.
Esta pulsión la potencian las declaraciones de los ministros y algunos empresarios, que aseguran que de todo hay, que lo que pasa es que uno no lo ve, o acaba con las existencias a punta de compras “ nerviosas.
Y eso, se los juro, lo desespera mas a uno. Porque la mayoría de la gente que piensa que estos ministros y productores son gente seria, les creen y son capaces de formar grandes zaperocos en los supermercados, abastos y puestos de buhoneros, porque están seguros de que los vendedores los están es engañando y tienen escondido el café, la leche descremada o la arena para gatos detrás de la puerta y no lo quieren vender.
Ahora que viene la temporada de hallacas, no hay alcaparras ni para remedio, Y ustedes dirán. ¿ pero que le dio a esta mujer, que importa que no haya alcaparras? Y saltará otra señora a decirme que ella siempre encuentra. Pero yo, señora, YO, no encuentro.
Y ahí es donde usted ve las desviaciones del capitalismo claritas. Yo he sido criada toda mi vida en esa doctrina y por eso quiero que haya de todo, de varias marcas y que no me vengan con eso de que el desarrollo endógeno, porque en cualquier país civilizado debería haber desarrollo endógeno, exógeno y extraterrestre suficiente para comprar lo que a uno le diera la gana, si se ha ganado el dinero suficiente para comprárselo . No hay derecho a sentir eso que experimenté cuando fui para Cúcuta el año pasado, que está llena hasta los tequeteques de comida, ropa, zapatos, juguetes. Ahí es donde se ve la diferencia con Caracas.
La solución no es tampoco decir que entonces uno no toma café, sino té. O que deja el carro sin espejito de ese, porque con pegarle otro cualquiera con pegaloca sirve igual… O que cual es el problema con las alcaparras, que total, saben saladísimas.
No me voy a acostumbrar a vivir en la carestía, porque uno se siente horrible y menos porque haya una disposición general socialista a proclamar que mientras mas pobre mas virtuoso se es y mas feliz . Esas son zarandajas Y si no, mire usted al Presidente, que es socialistísimo y anda bien vestido y muy bien comido, por lo rozagante que dice el peso de su baño que está.
La desaparición de productos básicos ha sido una constante de este gobierno, tanto como la de aquellos no básicos, como la de ciertas marcas de maquillaje, de whisky , de zapatos. Los libros que no llegan porque no le dan cupo a los libreros para traerlos. Esas limitaciones socialistas señores, que nos hacen la vida miserable y pretenden que las pasemos en silencio, propuesta a la cual hay que resistirse. Quiero mi café en todas las presentaciones, quiero leche descremada, aunque a mi no me guste tanto, necesito crema para la cara que no cueste un ojo de la ídem gracias a Cadivi y pare usted de contar, tengo mi lista personal, por si la quiere ver.

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