domingo, octubre 23, 2005

La vecindad mediática

Mi vecino no pudo contenerse hoy. Me agarró en el ascensor y no aguantó la tentación de meterse conmigo. Porque la idea - ya me di cuenta al ver como reaccionó ante mi respuesta- es molestarme. No le interesa de verdad si yo sé o no cuanto se gasta este gobierno en los pobres, ni porque mis amigos me invitan a veces a programas de TV, ni porqué no soy chavista. Lo que le ocurre es que le revuelvo el estómago y cuando no corre el riesgo de quedar en ridículo ante el público del ascensor, se afina.
Esta vez, íbamos solos. Nos saludamos. Me dijo “ licenciada” ( que raro, en vez de “señora puajjj!”, que es como siempre me dice). Cuando voy llegando a mi piso, me suelta aquello de: ¨¿ En Venezuela hay o no hay libertad de expresión? Porque al Presidente lo insultan todos los días”. Al colocar el pie fuera del ascensor no pude contenerme, y le contesté con otro lugar común: “ Sí y ponen presos a periodistas todos los días”.
Logró su objetivo. Me molestó. Lo vi en su sonrisa satisfecha poco antes que la puerta del ascensor cerrara.
No se trata de una discusión retórica . Es verdad que todos los días, en la prensa venezolana y por internet, se publican ataques a Chávez. También que el insulto puro y simple y la ridiculización eran mas comunes hace dos años, antes del paro y la aprobación de la Ley Mordaza, pero aún son bastante numerosos.
En respuesta, los periodistas han pasado de ser redactores de noticias, entrevistadores o anclas de televisión, a protagonistas, ocupando primeras páginas y cabezales de las secciones de tribunales y sucesos.Además, la cosa arrecia.
Algunos aún son recordados por su muerte o los golpes que recibieron. Por ejemplo, acabo de recibir un correo de un grupo que no quiere que se olvide el revulsivo 2002, donde volví a ver al fotógrafo Jorge Tortoza, muerto el 11 de abril, como también a los periodistas golpeados en la escaramuza de Chuao.
Otros son noticia porque les allanan el periódico ( caso La Razón) y tragan grueso ante las cámaras de televisión, como Alejandra Hurtado de López Ulacio hizo, al ver como policías de la División de capturas del CICPC esculcaban la redacción del semanario que dirige, en una típica acción intimidatoria para obligarla a entregar las señas de uno de sus columnistas.(1)
Walter Martínez, al otro lado del espectro político, también estuvo presidiendo los noticieros de la televisión, al denunciar corrupción en el gobierno. Cuando lo sacaron del aire, provocó manifestaciones y se llevó en los cachos noticiosos a Mario Silva García, conductor de la Hojilla en el mismo Canal ocho, quién al defender a Martínez recibió también su coscorronazo presidencial. Por cierto, otra noticia judicial fue la demanda de la periodista Ibeyise Pacheco contra Silva, porque la acusó en su columna de tener vinculaciones delictivas.
Después que Martínez dispuso de las cámaras durante una semana, hasta que el Presidente se lo sacudió en un Aló con su gentileza característica, le dio paso en los titulares a otro compañero de lucha, Miguel Salazar, director de Las Verdades de Miguel, quién coincidió con Walter en la necesidad de hablar personalmente con Chávez para solucionar su caso. El promedio de soluciones en las entrevistas con Chávez no le da chance de salir bien de su situación. 99 % de los chavistas que intentan hablar con el Presidente, creyendo todavía que son sus amigos personales, reportan llamadas que no les atienden, entrevistas que nunca se producen o respuestas por Gaceta Oficial o por el Aló, generalmente destempladas, en el mejor de los casos.
La directora de El Nuevo País, Patricia Poleo, ha sido noticia por enésima vez la semana pasada, al exigirle al Fiscal General que defina si es acusada o no en el caso Anderson. Aunque la Fiscalía lo negó, también el rumor y la amenaza en su caso se han vuelto cotidianos.
La columnista y candidata a diputada, Ibeyise Pacheco, dio una rueda de prensa, porque uno de sus acusadores, el coronel Bellorín, no quiere que la elijan y trata que su querella por difamación, se convierta en el mecanismo inhibidor del derecho que le asiste a ella, de defenderse de la veintena de procesos que se le siguen, agarrándose de la inmunidad parlamentaria.
Así que Walter perdió su programa Dossier. Miguel está obligado a comparecer ante un juez y el titular de su periódico este viernes describe como se siente : Censurado.Prohibido denunciar”. Los López Ulacio, uno exiliado y la otra allanada, siguen siendo blanco de las amenazas de los ministros del régimen. Poleo y Pacheco enfrentan condenas en alguno de los juicios que les sigan, una vez que se le quite al gobierno la idea de lo peligroso que puede ser encerrarlas, como se les quitó la que tenían antes de comenzar a encerrar a militares y policías.
El mandatario insultado e incomprendido, viaja mientras tanto expresando la rabia que le produce el gremio periodístico, en ruedas de prensa donde sigue el patrón que tenía en Caracas antes de dejar de hablar con la prensa nacional del sector privado. Primero se hace el simpático, luego, pregunta de dónde es la persona, y quién lo emplea. Seguidamente, descalifica al periodista y a la pregunta de una vez, puesto que toda aquella interrogante que haga un empleado de cualquier medio de comunicación que haya publicado algo que no sean loas sobre el gobierno venezolano, es un títere de la CIA, o de la oligarquía, un idiota que no entiende que ha sido tocado por la gracia, al serle permitido dirigirle la palabra al vicario de Bolívar en la tierra.
Si pasa como recientemente en París, pasados los nervios iniciales, habiendo respondido si uno es colombiana o no y de dónde, y si nuestro amo es El Tiempo, Newsweek o Le Matin, hay que tragarse el condescendiente comentario acerca de cómo los medios y los periodistas nunca saben ni dicen la verdad de lo que pasa en Venezuela. Finaliza el periodista constatando, al probar sólo un gramo de lo que pasa en la relación entre el gobierno y los comunicadores venezolanos, como es que en Venezuela hemos llegado a satanizarnos unos a otros, a maltratarnos tanto.
Y eso que hasta este momento he hablado de este tema como que si los insultos y las descalificaciones hacia Chávez valieran lo mismo que la prisión, los allanamientos, los golpes, los repetidos procesos y demandas y los atentados. ( remember Marta Colomina) . Pero no son iguales. Un insulto y un asesinato no valen lo mismo. Perder el trabajo no es la consecuencia lógica de hacer una denuncia de corrupción que cae mal. Convertirse en dirigente de oposición, por más extrema que sea, no es delito que justifique repetidas demandas y amenazas. La incomodidad de un mandatario no da derecho a alentar la animadversión de un sector de fanáticos políticos contra un gremio.

Notas
1) “ Por orden del juez 19 de Control, Gúmer Quintana Gómez, funcionarios de la División contra la Delincuencia Organizada del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas allanaron la sede del semanario La Razón, en Candelaria. Según la orden N° 016-05, fechada el 28 de septiembre de 2005, el objetivo del allanamiento era lograr la plena identificación de Luis Felipe Colina, quien suscribe la columna Carrusel Político y específicamente la publicada en la edición del 10 al 17 de octubre de 2004” . “CICPC allanó sede de La Razón en busca de Luis Felipe Colina”. Edgar López. EL UNIVERSAL.04/10/2005

martes, octubre 11, 2005

Convencer o someter

Pareciera que tras siete años, al proceso político que en Venezuela se llama revolución bolivaria-na, le llegó el tiempo de terminar de convencer de sus bondades a la población que no la apoya o someterla a como de lugar para lograr el consenso social que requiere, en función del cambio profundo que plantea: la disolución del esquema económico y social en donde nos formamos.
No es el único proceso, sea realmente revolucionario o no, al que le llega esta disyuntiva, mas tarde o mas temprano. Generalmente los gobiernos revolucionarios se consideran con derecho a imponer con autoridad la felicidad y escogen la segunda vía. Le pasó a la revolución rusa con uno de sus hijos mas preciados, León Trotsky, a Fidel Castro con el Ché Guevara, que estaba mejor en Bolivia que en La Habana y no hablemos de la Revolución Francesa, la madre intelectual de las de-más revoluciones que se comió vivo a Robespierre, su vengador preferido.
En Venezuela no somos los de menos y de acuerdo al comandante en jefe, dueño del bate, de la madrina, de la pelota y líder del proceso, como lo recuerda cada rato, ya es hora de que se termine de consolidar la cosa. Quiere decir que si a esta hora, la mayoría de los venezolanos, es decír todos los que aparecemos en la lista de Tascón, no apoyamos a Chávez en género, número y caso, es momento de inclinarnos con una sonrisa de placer ante su delicioso yugo ( Hay que oir con que gusto repite la comandante Lina Ron a cada rato “Mátame, pero no me dejes” )
Y dentro del chavismo, se han hecho moneda corriente, exigir que se soporte callado las tonela-das de recomendaciones, reafirmaciones de poder, excomuniones, despidos, traiciones y demás lindezas por parte del Presidente.
Pero como a todos los regímenes que quieren unanimidad, esos ataques y purgas no evitan manifestaciones, cuchilladas por la espalda y en la femoral, divisiones de los partidarios fervientes, así como tampoco suprimen las protestas de la oposición con o sin esqueletos, los correos por in-ternet transmitiendo la nueva moneda del proceso con la efigie del comandante, ni a los cientos de desesperados que tratan de dormir en las aceras de Miraflores, así les echen polvo de pica pica o les caigan a palos delante de Ultimas Noticias. Es lo que llaman algunos descomposición social y políti-ca, más notoria mientras mas poder se tiene.
En países como Venezuela, munidos de un igualitarismo irracional, se produce un efecto perverso con las imposiciones. Este es un país de negros alzaos, como decían en el siglo XIX. Vista la sumi-sión y resignación con que otras naciones toleraron yugos gubernamentales durante mas de cincuen-ta años, no se entienden los zafarranchos tropicales que se producen entre obreros de Sidor, por-que no les pagan sus prestaciones y estos hombres se atreven a bloquear la caravana presidencial e increpar al jefe del estado frente a frente o entre muchachas guaireñas porque la Guardia Nacional las desalojan de edificios invadidos, mientras en el interior la misma fuerza invade la hacienda La Marqueseña.
Tampoco se supone que a estas alturas existan gobernadores del proceso que monten tienda apar-te, ni columnistas y hombres de TV que crean que los espacios donde trabajan son de ellos y no admitan con los ojos bajos todo lo que les imponga el Presidente. Debían de haber desaparecido las resistencias de la clase media y de los empresarios, porque en fin, con tanto dinero y fuerza arma-da como tiene el gobierno, ¿ porqué todo el mundo no se le pone de alfombra, porqué algunas per-sonas u organizaciones no pueden ser compradas, porqué alguien prefiere la dignidad al dinero? Ya comenzó el tiempo de someter, perdida la batalla por convencer. Veamos quién gana.

sábado, octubre 01, 2005

Nuestra difícil ciudadanía

Lo que mas me conmovió esta semana, no fueron precisamente las intentos de algunos jalabolas que insistieron en promover a nuestro presidente para el Premio Nobel de la Paz, ni las explicaciones lastimosas del vicepresidente Jose Vicente Rangel, sobre la estupidez que significa que un alto jerarca del régimen satisfaga sus anhelos de ser cowboy, asaltando una alcaldía porque le retuvieron el arma a uno de sus es-coltas. Estas acciones solamente dan idea de lo magro que es el tejido político de nuestro tiempo, que no hace sino repetir, en el primer caso, lo que hizo Rafael Paredes Urdaneta, diplomático venezolano en Hamburgo, cuando propuso a Juan Vicente Gómez para el mismo premio Nobel en 1933, habiendo pasado antes ( los aduladores nunca se arrodillan lo suficiente) por la propuesta de hacerle sendas estatuas a los padres del Benemérito en Mérida y por la grandiosa idea ( se la damos a los expertos chavistas) de convertir el bolívar en el gómez, por el expediente de hacerle cambiar a la casa Barre, el perfil del Libertador por el del Presidente en la moneda de curso legal . No tienen límite. Si los jalamecates hubiesen vivido en la China de hace 5 000 años hubiesen propuesto con éxito a Chávez para Dios.

Pasa lo mismo con la descalificación terminante que hacen los ciudadanos caraqueños de las actuaciones de las autoridades municipales de Libertador . Alguien que no sepa ni como limpiar las calles que le tocan, que tenga que recurrir a hacer perora-tas diciendo que ahora convoca a la reserva en vez de poner en orden el centro de la ciudad, no le queda otra sino hacer estas lamentables demostraciones de abuso, donde lo mas triste no es ni siquiera que realicen su opereta en mitad de la calle, sino que los citadinos tengamos que convencernos tristemente que esa es la ralea de políticos que tenemos y que tenemos que vivir mucho tiempo mas con ellos. Son personajes de comiquita. Los rechazamos tanto porque conocemos su arte en hacernos sentir mal dentro de nuestra propia casa, Caracas

En ese contexto fétido, a pesar de los pesares, navegan opciones para practicar la ciudadanía. La protesta sostenida de Francisco Montoya Travieso, C. I. 381 588 porque aun sigue muerto `para el REP valenciano y le impiden votar en las próximas elecciones, el trabajo de los vecinos del sureste caraqueño , que siguen pensando en una Venezuela mejor, construida por gente que quiere armonía, que han trabajado por ordenanzas ajustadas a una Caracas planificada y en paz, son propuestas que dan la impresión de subsistir severamente desajustadas con respecto a los radicalismos que nos agreden. Las reuniones de cultivadores y comerciantes de orquídeas de Miranda , así como lo hicieron en agosto en Puerto Ordaz y próximamente en Valen-cia, para exponer orgullosamente sus plantas e intercambiar experiencias sobre lo que significa defender la naturaleza, le dan aliento a uno, para seguir pensando que no es imposible conseguir otro país.
Les pongo como ejemplo, que los cultivadores de orquídeas de Caroní, se encar-gan, como proyecto institucional, de salvar las plantas que podrían perderse tras la puesta en marcha de los proyectos de Edelca y no desde ahora. Son ciudadanos de esa Venezuela civilizada que se resiste a morir desgarrada en esta propuesta de guerra civil.
Yo estoy con esa Venezuela. Con la que insiste en seguir trabajando de manera correcta, en lo suyo, aunque, por ejemplo a los periodistas como yo y a otros trabajadores, de otras profesiones y oficios, los sigan insultando y descalificando diariamente. El último ejemplo de ese maltrato es el que se hizo al periodista Walter Martínez, soldado del régimen, pero el mismo mal lo sufrimos aquí desde el 99, sin que la mayoría de los comunicadores del proceso, incluyéndolo, se hicieran eco de nuestros dolores. No importa. Que se presione para envolver a todo el mundo en una descalificación continua, si no se es alfombra del régimen, no quiere decir que los demás dejemos de pensar en como crear otra Venezuela, que incluya también a estos desgrrados por el odio y el miedo a disentir, a quiénes se dejan llevar por la ola de ova-ción al dios vivo, al iluminado. Aunque miren para otro lado cuando nos maltratan, e intenten compartir torpemente con nosotros, el pan de la amistad. No excluyamos. Ex-cluir es convertirse en la misma clase de verdugos.