sábado, abril 12, 2008

¿Y los políticos? Bien, gracias.

En este país, si no hubiera sido por la protesta de maestros y padres, tendríamos encima la implantación forzosa del currículo bolivariano. Ahora, será el año que viene cuando se discuta el punto.
Este fin de semana, el viernes, se ha conmemorado el 11 de abril, con la historia al revés. Pero la única expresión de vida de la dirigencia de la oposición, fue una pequeña reunión en una plaza de Caracas, dominada por la presencia de los deudos de los presos políticos.
El Valle del Turbio en Lara, amaneció militarizado y sólo después que los invadidos cerraron las vías de acceso a Barquisimeto, el gobierno considera oirlos.
En el Táchira, hay un incendio social de más de una semana provocado por las medidas del gobierno para "controlar" los expendios de gasolina y hostilizar a la población. Los estudiantes de la ULA se sumaron a los choferes en una hora cero, que logró finalmente que se echara atrás la medida de reducción del 20%, en la cuota de combustible despachada a la frontera.
Sidor se nacionalizó y en Argentina le mostraron al gobierno el tramojo del Mercosur. En Venezuela, los obreros pusieron al parecer una fiesta, porque ellos creen que los van a tratar distinto que al resto de la administración pública. Los felicito por tener esa infinita creencia en que la vida es de verdad.
Mientras, los políticos de los partidos de oposición están ocupadísmos, por supuesto, en otras cosas. Los adecos, con Henry Ramos Allup a la cabeza, en que Carlos Andrés Pérez vuelva a Venezuela. Me imagino que con toda razón. Los chavistas en ver quién es candidato de dónde. Los estudiantes, unos en campaña y los otros mudos. Los demás políticos profesionales dan sus ruedas de prensa de todos los lunes, en un lenguaje que se parece a los sobrevuelos de aviones espía, sin pilotos y sin peligro. No se van a acompañar a nadie a Mérida, ni denuncian la situación de la frontera ( excepto los candidatos de allá, claro). No se van a ninguna parte a conocer de primera mano que le pasa a los trabajadores de las empresas nacionalizadas, expropiadas o confiscadas. No se enteran de los dolores que aún genera el 11 de abril. Una compañera periodista me decía que esto parecía una balsa de aceite. ¿ Porqué? Porque Todo el mundo político profesional hace sus pequeños cálculos para ser electo alcalde, diputado, para sobrevivir pues en ese digno oficio, pero sin exponerse mucho, no sea que lo inhabiliten a uno.
La consecuencia, es que el pobre se defienda solo. De los malandros del 23, de los malandros de la política, de las náuseas que causa oir el contrapunteo entre el testigo estrella del ex fiscal Rodríguez y el mismo fiscal. De las medidas que nacionalizan el desempleo y la pobreza cada vez que acaban con una empresa en plena producción. De las venganzas presidenciales contra el Táchira. Después no se quejen.

sábado, abril 05, 2008

El control del superbloque.

El presidente Chávez los compara con los grupos de la ultra que dominaron la escena en Chile y que hicieron peso para identificar al régimen de Allende con la anarquía y la escasez, provocando su caída. Así nuestro Presidente se iguala de paso con Allende y admite la condena insoportable que siente, llevando adelante un régimen que sabe que fracasará.
Pero lo que mas me interesa, no es la referencia al fenómeno chileno, sino las acciones del colectivo La Piedrita, de los Tupamaros y las reacciones que consiguen en el escenario ciudadano. De como el clima de amenazas, la violencia descarada, la ausencia de referentes legales en sitios y horas de la Caracas marginal, se intentan imponer a toda la ciudadanía, que tipo de éxito tiene en lograr intimidar y presionar a las autoridades y al ciudadano común. Que nos proponen las armas largas y los pasamontañas de estos peligrosos vecinos. Y cual debe ser nuestra respuesta.
En principio, han tenido pequeños éxitos. Han obtenido el terror y la sumisión de su entorno inmediato. Han podido controlar socialmente a sus superbloques y también tienen el reconocimiento mediático. En otras palabras, salen en televisión prácticamente cuanto les da la gana.
Pero su crecimiento, lógico en otras sociedades, fraccionadas y divididas por largas guerras o sometidas a hambrunas, como en los casos de la ex Yugoeslavia, Somalia y Colombia en la época de la guerra del gobierno contra los carteles de la droga , aquí no ha progresado con la rapidez que quisieran. Mas bien, los pininos de los grupos paramilitares del 23 de enero en el bombardeo de objetivos, simbólicos y militares como la estatua de George Washington en El Paraiso y la sede de Fedecámaras no expandieron su campo de acción, sino los expusieron a la persecución de las policías y los hicieron retirar a sus cuarteles en el del 23.
Además, tienen un pésimo olfato político. No se les ocurrió nada menos que tomar las oficinas del Arzobispado el mismo dia que Chávez quería para sí el Prime Time cuando el rescate de los 4 secuestrados colombianos. Otra gaffe, ha sido hacer ver que el militante que murió poniendo una bomba en Fedecámaras es un chavista incomprendido, al mismo tiempo que Interpol busca evidencias de ese mismo tipo de hechos conectados con el gobierno venezolano en las computadoras de Raúl Reyes, con lo cual los miembros de los dos colectivos podrían ser convocados como testigos ( hostiles o no) en un juicio contra Chávez en la Corte Penal Internacional, ya que son el link perfecto del gobierno con el terrorismo ciudadano puro y duro. Un poco atrasado y chapucero, pero consciente de su valor para alcanzar la revolución mundial.
Ahora ¿que hacemos nosotros con ellos?. Pienso que lo que hacemos los periodistas, por ejemplo, es correcto. Fotografiarlos, tomarles declaración, verlos como son. Si los detallamos bien, son un espejo de nosotros, de nuestros miedos mas profundos, de nuestros resentimientos, desesperaciones, iras, confusiones y humillaciones. Es saludable ver de cerca como sería nuestra sociedad, si no tuviéramos que sufrirlos sólo cuatro horas, durante un paro armado, sino todos los días. Si nos tuviéramos que relacionar con ellos para desarrollar nuestra pequeña y vulgar vida cotidiana. Si sus pasamontañas y sus armas de guerra fuera la imagen que viéramos cada mañana en la puerta de nuestra casas.
Sí, ellos son un pequeño ejército ilegal que quiere que todos nosotros les prestemos atención, pleitesía y obediencia. Nuestros policías y jueces deberían reducirlos a un comportamiento ciudadano. Pero si no lo hacen, rechacemos con firmeza su propuesta de no dejarnos vivir en paz, de hacer de nuestros hijos unos asesinos o unos muertos. Y llevemos luz hasta el último rincón de las relaciones peligrosas de estos violentos con nuestro gobierno.