Cuando llegó la oscuridad
Iba subiendo por la escalera mecánica, cuando de un salto, la máquina se detuvo con un ruido delator. La luz se fue en todas las instalaciones del metro de La California y sólo puedo agradecer a una inmensa suerte no haberme quedado atrapada en un vagón, bajo tierra. Los viajeros salimos apresuradamente. La mayoría corrió hasta la parada más próxima, unos doscientos metros en un mediodía de 31 grados a la sombra, para saltar a la primera camioneta que nos sacara de ahí, antes que la otra penalidad que azota a los venezolanos en estos tiempos, nos alcanzara. Ya había unas nubes grises lo bastante amenazadoras que nos hicieron imaginar lo que sería quedarnos sin metro y sin camioneticas, violentamente mojados a diez kilómetros de nuestra casa. Porque como todos saben, basta que caigan dos gotas para que todos los choferes de la ciudad, que compraron camionetas de galleta, las escondan para que no se deshagan ante nuestros ojos.
Al final fue instructivo el viaje, porque un grupo de caraqueños de diferentes zonas de la ciudad, coincidieron casi sin pensarlo en una sola cosa: a todo el mundo lo sorprenden los apagones en cualquier parte, a cualquier hora, al estilo lo mas seguro es que quién sabe. Las fallas eléctricas se han hecho normales y nadie responde por ellas, ni informa cuando va a suspender el servicio en alguna parte, como lo hacía la Electricidad de Caracas, en manos privadas, que publicaba avisos en los periódicos cuando quitaba la la energía, así fuese en el barrio mas alejado. Salía un bombillo llamado K-listo, que le avisaba a uno con su sonrisita de caricatura.
Pero hoy, no. No hay K-listo que valga. Lo que abunda son unos irresponsables que están imponiéndonos por la via de los hechos apagones controlados ... Por ellos , por supuesto, para acostumbrarnos a la incertidumbre. Porque la idea es esa, atropellar y atropellar y luego acostumbrarlo a uno, como se acostumbran algunas mujeres golpeadas a las palizas de los maridos.
Al llegar a casa me enteré por un ama de casa furiosa que se encontraba en Puerto Ordaz, hablando desaforadamente en la televisión, que ellos tienen desde hace tiempo el mismo problema, “sólo que aquí se forma un zaperoco, sólo cuando se va la luz en Caracas”. Y tiene razón. Al día, siguiente, los vecinos de Lecherías, Anzoátegui, describieron adecuadamente y con una carga de arrechera sensacional, la incertidumbre, las pérdidas económicas y las frustraciones que trae estar sometido al castigo de estos apagones que acaban con los electrodomésticos, que nos atrapan en los ascensores, que nos impiden encontrar abiertas oficinas o negocios, con lo cual retrasan todas nuestras diligencias, que ponen en gravísmo peligro a los hospitalizados, que acaban con las cría industrializada de animales, que nos pone en manos de la delincuencia.
Para mas inri, el gobierno, sabe exactamente que lo que ocurre es que no ha hecho inversiones suficientes ni ordenó ni vigiló el mantenimiento de las centrales eléctricas, que están totalmente corroídas, como demostraron unas fotos absolutamente subversivas de Planta Centro que circularon hace unos meses. Ahora, para quitarse la mala imagen, se le ocurre poner presos a tres ingenieros de Edelca, una de las pocas empresas públicas de este país donde la mística y el orgullo de ser eficientes no ha sucumbido al vivalapepismo y al como vaya viniendo, vamos viendo bolivariano. Por supuesto, Puerto Ordaz, que es a los trabajadores de Edelca, lo que Mérida a los estudiantes de la universidad de los Andes, se molestó por la injusticia. Tanto, que los tuvieron que juzgar en l ibertad.
Con estas evidencias diarias, nos preparamos pues a enfrentar la oscurana, la de las mentes y la de la energía, cuya presencia en nuestras vidas dábamos por supuesta. Decidamos si lo haremos mudos.
Al final fue instructivo el viaje, porque un grupo de caraqueños de diferentes zonas de la ciudad, coincidieron casi sin pensarlo en una sola cosa: a todo el mundo lo sorprenden los apagones en cualquier parte, a cualquier hora, al estilo lo mas seguro es que quién sabe. Las fallas eléctricas se han hecho normales y nadie responde por ellas, ni informa cuando va a suspender el servicio en alguna parte, como lo hacía la Electricidad de Caracas, en manos privadas, que publicaba avisos en los periódicos cuando quitaba la la energía, así fuese en el barrio mas alejado. Salía un bombillo llamado K-listo, que le avisaba a uno con su sonrisita de caricatura.
Pero hoy, no. No hay K-listo que valga. Lo que abunda son unos irresponsables que están imponiéndonos por la via de los hechos apagones controlados ... Por ellos , por supuesto, para acostumbrarnos a la incertidumbre. Porque la idea es esa, atropellar y atropellar y luego acostumbrarlo a uno, como se acostumbran algunas mujeres golpeadas a las palizas de los maridos.
Al llegar a casa me enteré por un ama de casa furiosa que se encontraba en Puerto Ordaz, hablando desaforadamente en la televisión, que ellos tienen desde hace tiempo el mismo problema, “sólo que aquí se forma un zaperoco, sólo cuando se va la luz en Caracas”. Y tiene razón. Al día, siguiente, los vecinos de Lecherías, Anzoátegui, describieron adecuadamente y con una carga de arrechera sensacional, la incertidumbre, las pérdidas económicas y las frustraciones que trae estar sometido al castigo de estos apagones que acaban con los electrodomésticos, que nos atrapan en los ascensores, que nos impiden encontrar abiertas oficinas o negocios, con lo cual retrasan todas nuestras diligencias, que ponen en gravísmo peligro a los hospitalizados, que acaban con las cría industrializada de animales, que nos pone en manos de la delincuencia.
Para mas inri, el gobierno, sabe exactamente que lo que ocurre es que no ha hecho inversiones suficientes ni ordenó ni vigiló el mantenimiento de las centrales eléctricas, que están totalmente corroídas, como demostraron unas fotos absolutamente subversivas de Planta Centro que circularon hace unos meses. Ahora, para quitarse la mala imagen, se le ocurre poner presos a tres ingenieros de Edelca, una de las pocas empresas públicas de este país donde la mística y el orgullo de ser eficientes no ha sucumbido al vivalapepismo y al como vaya viniendo, vamos viendo bolivariano. Por supuesto, Puerto Ordaz, que es a los trabajadores de Edelca, lo que Mérida a los estudiantes de la universidad de los Andes, se molestó por la injusticia. Tanto, que los tuvieron que juzgar en l ibertad.
Con estas evidencias diarias, nos preparamos pues a enfrentar la oscurana, la de las mentes y la de la energía, cuya presencia en nuestras vidas dábamos por supuesta. Decidamos si lo haremos mudos.
