sábado, septiembre 24, 2005

Los muertos vivos del CNE

Inicio esta columna con una buena noticia. El CNE revivió a Carmen Alicia Beaujon, la dama fundadora de la sociedad civil a quién le habían negado su derecho al voto- ejercido desde hace mas de 50 años- porque había fallecido, a pesar de que se les apareció, en silla de ruedas, pero vivita y coleando, cédula en mano. Sin presentar la fe de vida que le habían pedido, pero haciendo brillar su vitalidad, tan terca como siempre, reapareció como votante en la página web electoral del domingo pasado, en el colegio Juan XXIIII, El Trigal, calle San Enrique 8570, Valencia, Carabobo. El que persevera vence, Carmen Alicia.
Luego de su llamada el domingo en la noche, para darme la nueva, al revisar mis emails el lunes, encontré otro muerto vivo reclamando, el señor Francisco Montoya Travieso, número de cédula 381 588, quién describe la similitud de su situación con la de Beaujon.
“Yo también he sido víctima de quién sabe que mano peluda y roja que me excluyó del REP. He dirigido correspondencias al CNE el 14 y el 21 pasados, sin obtener respuesta. He ido al CNE local y en una primera instancia me reinscribieron, pero sin oportunidad de votar en las elecciones municipales. El 5 de los corrientes acudí nuevamente al CNE y luego de una protesta ante la secretaria me pidieron una fe de vida, “porque la investigación en el sistema reveló que había sido eliminado por Objeción 8” ( Fallecido). Yo sí llevé el documento y me reinscribieron por segunda vez. Esta es la fecha en que todavía no aparezco y a pesar de la inseguridad y des-confianza que me inspìra el ministerio electoral del régimen, tengo intención de hacer uso de mi derecho ciudadano”.
¿ Quién será el equipo que se ha dado a la tarea de matar antes de tiempo a estos venezola-nos, que están empeñados en votar?. El señor Montoya Travieso se buscó en el listado de electo-res del colegio Juan XXIII, de la parroquia san José de Valencia y no se encontró el 14 de julio pasado. Además, tratando de buscarse en el REP encontró que no estaba inscrito. Por e mail le informó al CNE que desde hace muchísimos años vota en ese colegio, les pidió una explicación “ y la debida corrección que me permita seguir existiendo como elector venezolano con capaci-dad de disfrute de todos mis derechos”.
Carmen Alicia tiene la identificación de otras señoras que tampoco califican, de acuerdo al concepto simplista que todo aquel que tiene numeración de cédula venezolana por debajo del millón se debe haber muerto ya, o por lo menos está tan chuchumeco que no podrá ni siquiera protestar. No les contestan, los obvian, los irrespetan, les piden certificados cuya validez que no está por encima de la de su documentación vigente.

Pero se equivocan. Estas personas no solo están vivas sino que tienen una boca bien grande con la cual reclamar su derecho y no aceptan, no sólo que se les borre del Registro, sino que se les trate como infraciudadanos a quién cualquier funcionario puede maltratar y hacer volver a reclamar una y otra vez, pidiendo documentos que no se justifican, como si sus derechos fueran un favor que le conceden a una mosca molesta.

Me parece perfecto que Carmen Alicia haya revivido para el Registro Electoral. Sería bueno que revisaran y rápido los demás casos .Los criterios facilistas de exclusión de venezolanos del Registro Electoral , por no pensar que son el resultado de igualmente simplistas decisiones poli-tiqueras tipo lista de Tascón, revuelven el estómago a mas de uno.

domingo, septiembre 18, 2005

Maldades electorales

Cuando conocí a Carmen Alicia Beaujon, a mediados de los ochenta, no me imaginaba que existía en mi país un grupo de personas, como aquel en que ella era dirigente, con una visión tan moderna de la política y a la vez, tan práctica. Era una dirigente de movimientos ciudadanos de clase media alta, como se le decía entonces, en Prados del Este y tenían mas de 10 años en ese trabajo, haciendo crecer un movimiento que siempre fue mal visto por los partidos políticos de toda laya. Tal vez una de las expresiones que mas define ese desprecio de los profesionales de la política fue la frase “ ¿ con que se come la sociedad civil?” de don Luis Miquilena, ex ministro de Chávez, cuan-do aún estaba en el gobierno.
Bien, Carmen Alicia también fue una de las primeras mujeres venezolanas que se graduó en la universidad. También compró y condujo una de las primeras camionetas que hubo en Caracas.
Con una personalidad exhuberante, pero al mismo tiempo celosa de su sencillez y su humildad, fue una de las inspiradoras y creadoras de un gran movimiento vecinal que anunciaba una Venezuela mucho más democrática, participativa, mucho más digna y respetuosa de la individualidad humana , que aún no llega pero que no quiero expulsar aún del corazón.
Carmen Alicia, siempre ha votado. Siempre lo consideró un derecho inalienable, tema con el que muchas veces no he estado de acuerdo. Al contrario, apelando a mis realidades, voto cuando lo creo necesario e importante y me parece que desvalorizo mis derechos cuando los ejerzo en condiciones putrefactas para mi formación ciudadana.
Pero en fin, esto no se trata de mis diferencias sobre como se ejerce la democracia en un país tan heterodoxo en esa materia como este, sino en como el espíritu humano sobrevive a constantes atentados en todo momento, condi-ción y edad.
Ella se mudó de Caracas a Valencia con una de sus hijas hace algunos años y como ha votado desde joven, cin-cuenta años después pensó que para hacerlo de nuevo, la diligencia sería una simple operación de cambio de do-micilio.
Pues no, la borraron del Registro Electoral, porque ( supongo yo) porque por su número de cédula ( 68795) pre-sumieron que se había muerto. Como muchos de ustedes saben, Carmen Alicia no se quedó con esa. Llamó a Alo Ciudadano, donde declaró por teléfono dos veces, fue a los periódicos nacionales y a Notitarde donde publicaron sus protestas. . Pero nada, nunca apareció en el RE. “No se dieron por enterados”.
Pues bien, se presentó en su silla de ruedas el día de las votaciones municipales, con un cartel donde exigía votar. Muchos de ustedes la vieron con su valentía y su actividad de provocación ciudadana que nunca perderá, en una foto que publicamos. Al día siguiente.
Alguien le dijo entonces, que el asunto era inscribirse como nueva votante y punto. Y aun con la repugnancia de cederle su memoria de votante pionera al CNE actual , lo hizo: volvió y trató de inscribirse.
¿ Y ustedes saben cual fue la respuesta del funcionario representante esta inhumana sociedad en la que vivimos?.
“No la puedo inscribir, porque usted está muerta. Tiene que traerme una fe de vida”.
Es decir, un ser humano, en silla de ruedas, no está vivo si no lo dice un papel, aunque vaya con su cédula a exi-gir su derecho.
Así estamos. No hablemos de la increíble crueldad de tratar así a una mujer mayor y enferma, porque Carmen Alicia no necesita que le tengan lástima. Por sí sola es un ejemplo . Lo que ocurre es que ella no es el único caso. Así tratamos nosotros a nuestras ancianos, a las viudas, a los enfermos, sólo porque los vemos débiles. Las maltra-tamos. Veámonos en esta Venezuela y que democrática, que tiene unos funcionarios completamente deformados, deshumanizados y tramposos.. Por eso, ¿ de que nos extrañamos cuando vemos denuncias de fraudes, de trapison-das, de robos de derechos, de maltratos sin límite?. La medida de salud de toda sociedad es como trata a sus niños, a sus viejos, a sus enfermos. No hubo un solo funcionario del CNE, de cualquier altura, que reaccionara a las de-nuncias publicadas y televisadas acerca de las injusticias cometidas contra Carmen Alicia Beaujon, No esperaba menos de ellos. Esa es su catadura. Pero parece que no tienen límite.

miércoles, septiembre 14, 2005

Sin casa ni ilusión

Los últimos dias de la semana pasada en Caracas estuvieron marcados por las manifestaciones de decenas de familias que llegaron a reclamar las viviendas que les prometió el gobierno.
Han llegado de todo el país alentados por esa promesa. Tener casa propia, una casa decente, digna. Dejar de vivir entre los malos olores, sin cloacas que pasen abiertas ante la puerta de entrada, con los niños enfermándose cada vez de infecciones dominadas en la segunda mitad del siglo pasado, cuando se hicieron las campañas contra la tuberculosis, contra la polio, contra las enfermedades transmitidas por insectos como el chipo, o los zancudos, cuando la sarna y los piojos eran controlados en la casa y solo ocasionalmente llegaban a las escuelas en las cabezas y en el cuerpo de los hijos de los más necesitados.
Los que manifestaron en estos días se habían sentido felices cuando creyeron que solo con entregar su nombre, su cédula y sus ilusiones a un delegado gubernamental podrían dejar de vivir como animales. Algunos se entusiasmaron mas todavía porque fue el mismísimo ministro o el Presidente quién les dio la mano y el título de propiedad, ante todos sus amigos vestidos de rojo.
Pero ya hoy alcanzan la desesperación, se les nota en la voz, aún sin querer ver el engaño que baila ante sus ojos, porque que la misma casa que les ofrecieron fue adjudicada tres veces. Y en la mayoría de laas ocasiones se les esconde, o los dejan con la palabra en la boca, No les quedó otra que venirse a dormir en cartones, con sus muchachos y su esperanza frente a Conavi, a Fondur y hasta el palacio de Miraflores. Lo que pasa es que el desengaño camina lentamente. “Véngase en 20 días”, les decían cada vez que los veían desde las oficinas.
Hace unos tres días les han vuelto a decir que vengan en veinte dias mas. Que mas da. A los burócratas a quien les encomendaron mentirles para sacárselos de encima, no les importa. Ellos vinieron solos, sus papeles no valen nada y las promesas del Presidente Chávez, la mitad de nada.
“Veinte dias mas: en veinte días los atendemos”. Mientras tanto, coman aire y beban agua en los parques. Todo el mundo sabe, menos ellos que no quieren romper su última cadena de cariño, que la promesa de las 200 000 casas por año se cayó de plano en Venezuela, que ya botaron por eso a varios ministros de Vivienda , los mismos que trataron de compaginar la fiebre revolucionaria con la actividad metódica y salvajemente capitalista de construir casas y apartamentos, de hacer realidad proyectos de ingenieros , arquitectos, constructores y promotores iniciando movimientos de terrenos, instalación de infraestructura, de servicios básicos, de redes de vida, para ponerlos a la disposición de quienes no tienen nada . Esa es la única forma de hacer casas y apartamentos, no de veinte en veinte sino de cinco mil en cinco mil. O como les diría un norteamericano o un asiático, acostumbrados a solucionar rápido, sobre todo si la solución ya está inventada.¿ Porque no les dan motor homes?
Un campo de motor homes a la gringa o a la europea se arma en menos de una tarde, están perfectamente equipados y se compran hechos. También los chinos, los japoneses y los coreanos tienen soluciones parecidas, armadas por decenas de miles. No hay que esperar a que los de la cooperativa de vivienda aprendan como echar bloques ni fajarse a lidiar con quiénes se interesan nada mas que por construir su casa, porque las fajinas y las cooperativas están lejos de su experiencia vital.
No , los jalabolas, ignorantes o atrasados del gobierno intentan compaginar peras con manzanas: la complacencia y la sumisión al comandante que está aprendiendo ahora como se mandan a hacer las cosas, con la eficiencia. No puedo imaginarme que pasaría si aquí algún científico estuviera tratando de inventar la cura del sida y tuviera que preguntarle a Chávez y al CTN del partido de gobierno si les parece bien la fórmula, para obtener la aprobación definitiva de la droga. La manera de urbanizar en este mundo, donde se requiere un nivel mínimo de salubridad para cumplir con la normativa internacional no tiene nada que ver con los modelos políticos de gobierno. Si la humanidad se hubiera puesto a opinar, nunca se hubieran inventado las inyecciones, ni los puentes que saltan grandes ríos y gargantas profundas y menos los aviones o los carros, aberraciones del capitalismo. Individualismos, pues .Pero la revolución venezolana es así, contradictoria, ineficiente, tratando de inventar cada vez la rueda . Cuando los ministros tienen que dar cuenta y resulta que no han hecho mas que un porcentaje irrisorio de lo exigido, cuando prometen casas y no se ven por ninguna parte, a los manifestantes les cuesta mucho pensar que el error no lo cometió el ciego, sino quién le da el garrote, un jefe de estado comprobadamente ineficiente al elegir colaboradores. La solución no es quemar un ministro tras otro. En el medio de esta comedia de equivocaciones quién queda atrapado es el soberano, que no quiere terminar de convencerse que se equivoca de nuevo, que le mintieron de nuevo, que le engañan de nuevo, que se quedó solo de nuevo.